21.- LA SEGURIDAD PÚBLICA EN EL CONTEXTO DE LA SEGURIDAD CORPORATIVA

El divorcio existente entre la seguridad pública y la privada ha tenido que interrumpirse, y no porque alguna de las partes lo haya sugerido, sino por la naturaleza de las crisis recurrentes en el país, donde los límites entre lo público y privado se han desvanecido y más aún, en materia de seguridad.

Muchos corporativos tenían, y algunos la mantienen, la política de no vinculación con autoridades de seguridad pública y procuración de justicia, acaso por necesidad y siempre mediando las áreas de asuntos legales, lejos de las direcciones y gerencias de seguridad corporativa. La corrupción los ha ahuyentado.

Lo anterior, en un país donde no eran necesarios esos vínculos, donde la seguridad intramuros era suficiente al pensar que la seguridad pública lejos estaba de incomodar y mucho menos impactar a los ejecutivos, instalaciones y hasta información, fue creando una cultura de seguridad “mocha”, incompleta, donde el “especialista” no tendría por qué conocer el mundo público. Un ejemplo claro lo demuestran los contenidos temáticos de cursos, diplomados y hasta certificaciones en seguridad donde pocos, o ninguno considera el conocimiento en materia de seguridad pública.

Como resultado de todo ello y con el avance de la delincuencia organizada, se inicia el nuevo milenio con la presencia de cerca 04, luego 06, 09 y hasta 13 grupos criminales que han diversificado su negocio, zonas de influencia y rutas de trasiego; y no solo de drogas prohibidas, sino de productos, personas y hasta servicios de protección, materializándose uno de los tres delitos más recurrentes, la extorsión.

Así, secuestros coyunturales, narcomenudeo, amenazas, extorsiones, robos con violencia, y un sinnúmero de delitos se cometen día a día al interior y, peor aún, en el entorno de las compañías, esto, sin conocimiento o la nula atención del fenómeno delictivo, muchas veces por miedo, ignorancia o desconocimiento del hecho mismo por parte de las áreas de seguridad corporativa.

¿Se tiene conocimiento que en la mayoría de las empresas existe un mundo subterráneo? Un mundo que se relaciona en el exterior y atrae violaciones sistemáticas a los códigos de conducta

¿Qué hacer ante estos fenómenos que no son de competencia privada pero irremediablemente afectan la continuidad del negocio?

¿Las personas, las instalaciones, los recursos, la información son bienes que estamos protegiendo correctamente, ante las amenazas de la delincuencia organizada?

¿Hemos documentado en nuestro entorno de negocio el tipo de delincuencia pero sobretodo lo atractivos que podemos ser para ellos?

¿Sabemos de empresas que prácticamente se han entregado a los intereses de esta delincuencia?

¿Sabemos, conocemos y ubicamos que ciertas empresas agrícolas como ahuacateras, limoneras, así como mineras ya son propiedad de grupos delictivos?

¿Negociar o combatir desde la perspectiva empresarial?

¿Sabemos que la Gendarmería surge bajo un espíritu de recuperación de espacios productivos? ¿Se cumple? Pero, además, ¿se exige?

Todas estas preguntas y otras más, deben ser analizadas en el contexto académico para convertirse en programas, procesos o protocolos que deban adicionarse  el Plan de Seguridad Corporativa (SBP); a fijar criterios en el desarrollo de programas de Contingencia, Emergencia y hasta de Manejo de Crisis.

Elaboró

MCPC Bernardo Gómez del Campo DB

CPO, DSE, MSP

 

 

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